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CARLOS MANZANO |
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Reseñas – LA FRAGILIDAD DE LOS CUERPOS HUMANOS |
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LECTURAS DE
ESCRITORES ARAGONESES
La fragilidad de los cuerpos
humanos
Jueves, 5 de junio de 2025 Iris es una joven anodina, ha superado un trauma juvenil, un
embarazo a los 14 años, trabaja en unos grandes almacenes y acepta sin darle
importancia que el vecino de enfrente a veces se muestre desnudo. Casi tiene
olvidada su cuenta en Instagram. Sin embargo, una amiga le asegura que ha
visto sus fotos en la cuenta de una tal María Gracia. Y, en efecto, alguien
ha robado sus fotos y ha abierto una cuenta a nombre de María Gracia, que
tiene muchos seguidores. ¿Quién ha sido la autora del robo? ¿O autor? Parece
que tuviera dos vidas, la propia y la de María Gracia. ¿A quién le interesan
sus fotos? Porque la verdad es que se ve guapa en las imágenes de la cuenta
ajena. ¿Por qué crear una personalidad falsa con sus fotos? La amiga de Iris
y ella misma indagan para conocer quién se esconde tras la cuenta de María
Gracia, porque esta falsa personalidad existe, los seguidores le hacen
confidencias. De alguna manera Iris siente que también es María. Una
excelente novela, actual e inquietante. Carlos Manzano la presentará el
próximo día 17 en el Museo Pablo Serrano. © Félix Teira |
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CALEIDOSCOPIO PSICOANALÍTICO
Lunes, 9 de junio de 2025 La
última novela de Carlos Manzano, La fragilidad de los cuerpos humanos,
contiene en paralelo a su trama espacio-temporal un minucioso análisis de la
psicología femenina. A partir de la protagonista, Iris Chamarro, y de sus dos
amigas Sabina y Carla, el autor va tejiendo una tela de araña en la que
quedan atrapados, casi inmovilizados, otros personajes de la historia, como
la madre de Iris, algunas compañeras de trabajo, y los dos hombres con los
que interactúa de algún modo: un exhibicionista al que Iris llama Adán y un hackeador
de cuentas digitales apellidado Sanromán. Tras
diversos encuentros presenciales con sus amigas, visuales con el primer
hombre y virtuales con el segundo, la acción que se desarrolla en terrenos
íntimos finaliza con una sorprendente catarsis de la protagonista, cuyo
sentido y alcance queda a criterio del lector. Es un hallazgo impactante,
sobre todo por lo que sugiere. A
lo largo del libro se suceden las reflexiones del autor derivadas de la
trama. A veces se refieren a su propio enfoque literario. Son frases del
estilo: ‘La comparación entre lo que se es y lo que se pudo ser no siempre
juega a favor de lo segundo’ (12), ‘Ser fuerte es una cuestión de
aprendizaje’ (24), ‘Hablando de religión, siempre es más cómodo creer que
saber’ (25), ‘Nunca ha sido buen negocio soñar con acceder a lo que no está a
nuestro alcance’ (50), ‘Toda relación, sea de amistad, de pareja, incluso de
trabajo, precisa de una buena dosis de cesiones mutuas y abierta generosidad
para no decaer con el paso del tiempo’ (86), ‘La vida por regla general,
separa más que une, establece distancias y diversifica prioridades’ (110),
‘El mundo del deseo es inabarcable y funciona en todas las direcciones’
(113), ‘Saber demasiado en contra de lo que la gente piensa, empobrece las
historias, reduce espacio a la imaginación, anula el misterio y, por ende,
merma la duda, la invención y la fantasía’ (125), ‘No hay palabras vacías de
significado, todas implican en un grado u otro una toma de postura, una
actitud determinada, incluso un valor implícito’ (161), o ‘Es de personas
maduras asumir las cosas como vienen, sobre todo cuando no tienen remedio’
(173). Esta
especie de prontuario intelectual sirve de referencia al lector para
calificar y cualificar la capacidad analítica del autor, enfrentado a unos
personajes muy sugestivos, que son testimonio actual y contundente de los
misterios que siempre integran la personalidad femenina. © Francisco Javier Aguirre |
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Carlos Manzano – La
fragilidad de los cuerpos humanos
Martes, 15 de julio de 2025 Carlos
Manzano, a quien sigo con fidelidad de fan, ha publicado una nueva novela
titulada La fragilidad de los cuerpos humanos, editada nuevamente por
la editorial La Fragua del Trovador. Carlos Manzano continúa, sin prisa pero
sin pausa, elaborando una obra de calidad que respira amor por la literatura
y por la sana actividad de contar historias. Sin apoyo mediático, sin saraos
ni festivales, sigue demostrando que es un escritor de raza que se mantiene
fiel a su vocación. Carlos Manzano es uno de esos escritores casi anónimos
que mantiene una gran calidad literaria en todo lo que hace y que debería
tener mayor reconocimiento. La
fragilidad de los cuerpos humanos es una buena prueba de su capacidad
como narrador. Me atrevería a decir que es el mejor de sus libros, lo cual es
mucho decir, ya que tiene títulos de gran calidad. Nos
encontramos aquí con sus obsesiones como escritor: la insatisfacción con la
propia vida, el deseo de ser otro, la identidad, el desdoblamiento… En su
libro La azarosa y enigmática vida de Idaira Badiero, un muchacho
reconstruye con su imaginación la vida de una chica a la que conoció en un
viaje. En Todas las mentiras, el protagonista es un hombre cuya vida
se desmorona y tiene que, de algún modo, empezar de nuevo. En otros libros
indaga también sobre la tragedia y la violencia. En este La fragilidad de
los cuerpos humanos nos presenta a una protagonista femenina, Iris
Chamarro, mujer de vida rutinaria, trabajo estable y aburrido como
dependienta en una tienda de ropa, sin relaciones amorosas y con un reducido
círculo de amigas. También tiene un pasado que le ha dejado huella. De
pronto, un día, descubre que hay una página en la que una tal María Gracia se
hace pasar por ella, utilizando las fotos que en su día publicó en una red
social que tiene abandonada. Tras el primer momento de turbación toma una decisión
arriesgada: contactar con esa María Gracia y averiguar por qué ha usurpado su
imagen. A partir de ahí, sus decisiones la alejarán cada vez más de quién es
y se dirigirán hacia quién quiere ser. «Las
personas somos lo que otros ven en nosotros, la imagen que proyectamos», dice
en un momento la usurpadora del perfil de la protagonista. Y este incidente
le da una oportunidad a Iris para reinventarse, para ser percibida de una
manera diferente. Se encuentra de pronto con una realidad paralela en la que
las personas dan rienda suelta a sus fantasías, a sus deseos más íntimos, de
forma anónima para que no interfiera con la existencia oficial, real. «Todos
exageran, todos mienten, todos falsifican continuamente cada palabra que
escriben porque piensan que la comunicación virtual tiene lugar en una
especie de universo paralelo donde los términos verdad y mentira poseen otro
significado, otro valor, y ni siquiera sirven de referentes». Con
un estilo ágil y muy cuidado, Carlos Manzano ha escrito un libro que mantiene
el ánimo del lector como si estuviera leyendo una absorbente novela
policiaca. Síganle la pista a los libros de este escritor que, sin prisa pero
sin pausa, está desarrollando una obra personal muy interesante. © Miguel Sanfeliu |
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LA FRAGILIDAD DE
LOS CUERPOS HUMANOS
¿Qué
constituye la identidad de una persona? ¿Cuántos yos ―o yoes―
albergamos cada uno en nuestro interior? ¿Qué mueve nuestros comportamientos
más cotidianos? ¿Y los más profundos? ¿Cuánto nos condicionan ciertos pasajes
de nuestra infancia o de nuestra adolescencia? ¿Tienen igual valor nuestros
pensamientos que nuestras vivencias? ¿Qué otras vidas podríamos haber vivido?
¿Qué impulsa a algunas personas a llevar una doble vida? ¿Es cierto, como
afirmaba aquel, que, al final, las únicas personas realmente interesantes son
las que llevan una doble vida? ¿Cuántos de nuestros miedos, de nuestros
deseos y de nuestras incertidumbres proyectamos en los perfiles de nuestras
redes sociales? ¿Qué configura el deseo de una persona? ¿De qué nos
enamoramos cuando nos enamoramos de alguien? ¿Es posible llegar a conocer a
una persona, por mucho tiempo que pasemos con ella? ¿Es posible, incluso,
llegar a conocernos a nosotros mismos?... Muchas
de estas preguntas ―y algunas más― me las he planteado leyendo la
última novela de Carlos Manzano, La fragilidad de los cuerpos humanos
(Editorial La Fragua del Trovador, Zaragoza, 2025). Y, sólo por eso, es ya
más que recomendable. Una
novela de madurez, de un autor que le gusta reflexionar sobre ciertos
aspectos de nuestro presente. Una
novela que, entre otras cosas, explora el universo femenino, que tanto le
interesa al autor (léase La azarosa y enigmática vida de Idaira Badiero;
léase, Todas las mentiras, por ejemplo); y que en ésta sube unos
cuantos peldaños al ser protagonizada por una mujer (y, en cierto modo, por
varias amigas y conocidas suyas). Una
novela ambientada en el momento actual, que explora algunas de las nuevas
formas de relacionarse, con las redes sociales y los perfiles falsos de
fondo. Una
novela con un final que se te queda dentro y que, días después de haberla
terminado, nos hace seguir especulando sobre qué pasaría en esa comida
―y qué pasaría en la cita de esa tarde― previstas unas horas
después de la última frase del libro. Una
novela de un autor que, dada su calidad, debería ser mucho más conocido. Un
autor, de una insobornable exigencia personal, con el que, nada más terminar
una nueva novela, empiezo mi particular cuenta atrás, a esperar que publique
la siguiente para poder leerla y disfrutarla. Y,
como siempre me pasa con Carlos, no he podido evitar subrayar unas cuantas
frases de la novela. Algunas son las siguientes: “La
comparación entre lo que se es y lo que se puedo ser no siempre juega a favor
de lo segundo”. “Lo
que Iris obtenía a cambio era mucho más importante que un rato de placer: era
reconocimiento, era prestigio, era ser la novia de Cristian, joder, era
sentirse atractiva, era colocarse por delante del grupo, (…) era reconocerse
como lo que siempre había querido ser: amada, estimada, apreciada, valorada”. “No
es fácil desprenderse de todo el lodo que han ido vertiendo sobre nuestras
mentes a lo largo de los años. Para eso están además las frases hechas y los
lugares comunes: para evitar que nos pasemos todo el rato razonando y
considerando los pros y los contras de cada uno de los asuntos que nos
afectan, y en lugar de eso repitamos las necedades que nos hacen sentir parte
del grupo”. “Una
de las ventajas de vivir sola es que haga lo que haga nadie se va a enterar.
No está obligada a guardar las apariencias ni a comportarse correctamente;
dentro de esas cuatro paredes disfruta del grado más elevado de libertad al
que puede tener acceso”. “Esa
es otra de las cosas que no le gustan a Iris del mundo virtual: la enorme
cantidad de tiempo que requiere y que te roba de otras actividades más
provechosas”. “Las
mujeres nunca han dejado de representar un misterio para mí: qué las mueve en
lo más íntimo, cómo perciben el mundo que las rodea, cómo nos ven a nosotros,
los hombres, qué sentimientos generamos en ellas. Siempre he soñado con
experimentar lo que una mujer puede llegar a sentir en todos los aspectos de
la vida, meterme bajo la piel de una”. “Las
redes sociales cumplen esa función, es decir, nos permiten ponernos un
disfraz de cara a los demás y ser aquello que siempre hemos soñado ser:
atractivos, deseados, felices, hermosos…”. “Y
así nació la cuenta de María Gracia, primero casi como un juego, como una
posibilidad que no sabía bien adónde me podía llevar, y luego como una
estrategia duplicadora que me permitía desdoblarme en dos identidades
distintas: ser yo mismo en mi entorno social, laboral y familiar, con mis
limitadas aspiraciones vitales, y ser María dentro del infinito universo
digital, donde tenía casi todo al alcance de mi mano”. “Las
viejas pulsiones humanas que gobiernan el deseo. Me fascina el tema. ¿A ti
no?”. “Todos
exageran, todos mienten, todos falsifican continuamente cada palabra que
escriben porque piensan que la comunicación virtual tiene lugar en una
especie de universo paralelo donde los términos verdad y mentira poseen otro
significado, y ni siquiera sirven de referente”. “Sabina
sabe, aunque tal vez no sea consciente de ello, de que el nombre influye en
la percepción de lo nombrado. No hay palabras vacías de significado, todas
implican en un grado u otro una toma de postura, una actitud determinada,
incluso un valor implícito”. “Una
relación estable exige tragarse muchos sapos y reprimirse casi cada día, y yo
hace ya mucho que ya no creo en príncipes azules ni tengo ambiciones de
princesa”. “Todos
somos extraños, piensa Iris. Ahí reside el misterio de la condición humana:
en todo lo que llevamos dentro y que a veces dejamos salir y otras veces no,
sin saber muy bien por qué”. Y
una de mis favoritas: “Que folle bien no significa que me apetezca llevármelo
por ahí a todos lados. Cada cosa en su sitio. No es bueno mezclar si no lo
sabes hacer con tiento”. Enhorabuena,
Carlos. Ángel Ortín Pascual |
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